
A veces pienso que me explotará la cabeza de un momento a otro de tanto pensar. Creo que pienso demasiado; en lo posible y en lo imposible, cosa que me hace perder el doble de tiempo porque es algo que no va a suceder, pero es curioso como suelo pensar más en lo imposible que en lo posible. Quizás sea porque me hace más feliz el hecho de pensar que algún día se hará realidad, pero en el fondo sé que no. Continuos baches se interponen en mi camino haciendo que me tropiece, para que así pueda ver las cosas como son, y no como me gustaría que fueran.
Vivo en un mundo fantasioso, en el que solo yo conozco las reglas, y sólo los que me conocen muy bien saben que existe. En él soy completamente yo, y puede que alguna que otra vez este algo desordenado, pero intento que esté en equilibrio. Un poco de ilusión por aquí, un poco de decepción por allá, algo de paranoia con un toque de apariencia y una pizca de simpatía.
A veces todo se derrumba, todo cae, todo se vuelve negro, todo se desvanece, todo desaparece, todo se acaba… y es entonces, y sólo entonces es cuando vivo en el mundo real, donde la gente no es lo que te esperabas, sigues creciendo y a la vez avanzando a tu propio fin, donde hay mil y una historias de un mismo suceso, donde eres querido y puedes querer pero nunca sale bien, donde se demuestra quién eres pero la gente no quiere verlo. Aquí es cuando aparece el ansiado gris, todo empieza a verse mejor, porque sabes quiénes estarán ahí pase lo que pase, en quiénes puedes confiar, y sabes dónde y cómo encajar. Es en este punto, en el que mi mundo real y mi mundo fantástico se unen, y donde me gustaría estar toda mi vida, sin tener que demostrarle a nadie quién soy y que soy mejor o peor que él, más capaz o incapaz, por qué quiero algunas cosas, o por qué no, donde todo tiene solución, donde existe la confianza plena, y donde los sueños no lo son.
Por suerte, consigo estar en ese punto más de una vez, pero aunque dura poco, merece la pena. Por eso creo que son mis defectos los que me impiden seguir en ese punto y, los pongo sobre la mesa, e intento encontrar un por qué de cada uno de ellos, pero después me doy cuenta de que forman parte de mí, y que sin ellos no sería yo, por lo tanto se incluyen en mi mundo fantasioso, en el que no todo es perfecto, como habréis pensado algunos al leer esto; en él existe la gente que se equivoca, las segundas oportunidades y la desesperación por intentar algo. Y para cada situación hay una canción, una melodía que nos hace sentir, sentir cosas únicas. Canciones que te hacen llorar, sonreír al recordar buenos momentos, caer en la melancolía, seguir adelante, motivarte… Con ellas me ayudo en todos mis momentos, ya bien sean felices o no, porque si estoy triste no dudaré en no aparentar en lo contrario, y si estoy feliz tampoco. No estoy de acuerdo con la teoría de que si estás mal, hay que salir de fiesta para animarse, todo lo contrario, prefiero reflexionar; son cosas que siempre se pasan, y a veces hace falta pensar, y por eso creo que a veces me va a explotar la cabeza de pensar tanto.
Quizás estoy más tiempo mal que bien, porque suelo pensar: "Hoy es uno de esos días en los que el problema de uno son los demás". A partir de ahora me he propuesto pensar un poco más en mí, aunque de momento mis resultados no son muy óptimos, todo lo contrario, parece que todo va peor; pero no me caracterizo por tirar la toalla, de hecho es una de las últimas cosas que haría; siempre suelo intentarlo una y otra vez hasta que algo me dice: para, y entonces lo dejo por imposible. Así que seguiré intentándolo, aunque a lo mejor tenga que volver a ser como antes, pero no habrá quedado en el intento.
Seguramente alguno de vosotros tenga que hacer lo mismo porque nos solemos dejar llevar por los demás y tenemos que rescatar al verdadero YO en muchas ocasiones, pero tenemos que dejar que la gente nos quiera tal y como somos, y no por lo que aparentamos, y decir lo que pensamos y no lo que quieren escuchar.
