A veces la vida te derrota, te
puede, entras en una encrucijada como si de un tablero de ajedrez se tratara,
donde el jaque mate define la jugada, el siguiente paso a seguir, y los actos
dependen de consecuencias inamovibles.
Unos serán peones, esos que se
dejan llevar por la corriente, esclavos sociales de paradero nómada. Maleables
al antojo de cualquier moda y susceptibles a los cambios. Los primeros en
sacrificarse, eso sí, mueren por y con su causa y aspiran a ser reinas algún
día, con eso los educan y mantienen entretenidos en ataque. Son la multitud, el
populacho revolucionario.
Puede que seas la torre,
protectora y amenazante desde lejos, fuerte, marcando territorio, desconfiada,
sabe lo que se avecina. La vieja experimentada, directa como una flecha y no se
piensa las cosas dos veces, impulsiva y con muchas historias a sus espaldas,
harta de cuentos, y el tuyo no iba a ser diferente. Más vale tenerla a favor.
O quizás un caballo fiel, experto
en cogerte desprevenido por saltos bicolores, pero los primeros en comenzar la
jugada. Te salvan la vida más de una vez; parecen simples pero esconden un gran
misterio y, miden sus pasos al milímetro.
O un alfil que mira desde lo alto
avanzando en diagonales de reojo, guardando las distancias, las largas en
cualquier caso. Suelen escoltar al rey desde el principio y no dejan que nadie
se le acerque, pero sin perder el estilo y ni siquiera despeinarse, son
coquetos y sinuosos, refinados a más no poder, siempre guardando las formas
como en la esgrima: Touché.
Quizás seas rey, indefenso por su
paso limitado pero con el poder suficiente como para revolver un tablero entero
en su defensa o en su ataque, guerras de lealtad. Aguanta los duelos, lo que le
echen pero, parece estar maldito, sólo se hace notar de forma intocable.
O puedes ser reina, compañera y
con armas de mujer, seductora y sutil, con sus movimientos mortales. Que no te
engañe su corona, ella es la que dirige el cotarro, la mente criminal y estratega.
Es ágil y se mueve con rapidez en cualquier dirección, pero siempre con cabeza.
Al fin y al cabo todas las piezas están coordinadas, una le sirve a otra para avanzar, para atacar, para defender, para sobrevivir, como en la vida. De hecho las jugadas han de meditarse con astucia y a contrarreloj. Es un juego en el que hay que arriesgar, y todos son esenciales, debes ir un paso por delante y, si puedes dos. Existe una alta sincronización para alcanzar un objetivo sólido. Y yo que no sé de ajedrez pero, sé de la vida, y al parecer estoy en jaque.
