
Con una simple imagen podemos plasmar un sentimiento complejo. Podemos recordar momentos felices, momentos tristes, momentos que hicieron historia, momentos que nunca llegaste a vivir, momentos en los que te hubiera gustado estar sobre todas las cosas, momentos de una vida…
Si hiciéramos una fotografía al día, seguramente nuestra memoria recordaría más cosas de las que recuerda, y con más detalle; podríamos dejar constancia de todos y cada uno de los días de nuestra vida, en la que nos falta el tiempo para vivir.
Tendríamos un álbum interminable, con millones y millones de fotos que plasmarían cómo éramos y cómo somos, tanto física, como sentimentalmente. Después vendría el siguiente paso: intercambiar álbumes. Si pudiéramos ver el álbum de cada persona que vemos por la calle, nos sorprendería la cantidad de prejuicios que tenemos respecto a alguien por su aparencia física. Si intercambias los álbumes, te transformas en la persona que te lo ha cambiado, y vives su vida durante un día, al final de éste dejarás tu foto en el álbum, sabiendo la persona intercambiada, que tú estuviste ahí. Pueden ocurrir dos cosas: tanto que te haya gustado como que no. En el primer caso, os haréis una foto juntos y la pegaréis en vuestro álbum, para dejar constancia de lo que ha ocurrido, y de que ese día no ha sido como los demás, en los que apareces en una foto sólo. En el segundo caso, sigues con tu vida y vuelves a repetir el proceso. Así es como surgen las amistades, las relaciones etc. Dos personas se conocen, por casualidad, o por el destino, y si congenian puede que tengan una gran amistad, y si no pues con otro será; si esa persona es importante en nuestra vida, la tendremos en cuenta en muchas ocasiones, y si no ni se la mencionará a penas, por no decir nada.
Esto no es más que un curioso ejemplo de cómo es la vida a través de los “ojos” de una cámara de fotos. A veces me gustaría sumergirme en los paisajes que veo en algunas revistas, llenos de color y naturaleza; otras veces me gustaría aumentar el “brillo” o la “luminosidad” de algunos momentos que he vivido, e incluso el “contraste” para valorar más todas las cosas; “borrar” algunos; “pixelar” para ver más de cerca lo que me cegaba; “recortar” personas que nunca estuvieron ahí; “girar 180º” para ver cómo hubiera sido; poner más “ruido” para que no se vea lo que realmente se refleja; tener “memoria XD”, como las cámaras, para sacarla cuando queramos, y pensar en “nada” por unos instantes, no escuchar nada, no ver nada; hacer un “montaje” como si hubiera estado ahí; estar con todos mis amigos a la vez en un “collage”…
Pero sólo son fotos de momentos que ya nunca volverán, ni aunque estés en el mismo sitio, con las mismas personas, a la misma hora, y con la misma ropa. Ya no será el mismo día del mismo año, con la misma edad…ya no volverá a repetirse. Y eso, es la vida, una sucesión de momentos, que nunca se repiten y llena de acontecimientos, que hacen que vivirla merezca la pena. Si viviéramos en una foto, lo único malo sería no poder vivir; no poder tocar, no poder moverte, no poder escuchar, no poder oler, no poder ver, no poder comer… estaríamos vacíos por dentro y por fuera. Por ello las fotos son tan maravillosas a veces, te hacen recordar cómo olía, como se movía, como miraba… y eso es lo impresionante de las fotografías, que te transportan a un pasado que quizás pudo ser mejor, pero que simplemente fue.


