sábado, 29 de enero de 2011

Él, ella. Ella, él


Tardes de viento en la playa volando cometas que parecían llegar al cielo.

Cada domingo, junto al olor de periódico recién comprado, traía una chuchería para las dos (un tiburón, del que siempre dejaba la cola para el final).

Mañanas en el parque, donde cada columpio, tobogán o sube y baja cobraban vida y formaban parte de una historia distinta cada vez que íbamos.

En Semana Santa, subidas en los palcos, cuando aún no teníamos uso de razón, nos pasábamos los jueves, viernes y sábados santos jugando al veo veo, y de vez en cuando caía una bolsita de cacahuetes.

Ilusionadas, nos despertábamos en altas horas de la noche cada 6 de enero, esperando encontrar todo lo que habíamos pedido a los reyes; y así era… los zapatos estaban llenos de sugus… y nunca encontramos carbón.

Siempre encontrábamos dinero en el asiento trasero del coche del abuelo, que sin duda era invertido en chucherías, nuestro mayor tesoro por entonces.

Museos, obras de teatro o conciertos de música clásica, nos hacían olvidar el mundo por unas horas.

Él nos daba paseos en la moto por el recinto de la urbanización, y siempre esperábamos a que la cogiera para aprovechar y que nos diera una vuelta. Nos sentíamos las más afortunadas.

Algunas noches nos contaba cuentos de un tal gnomo o duende sabelotodo si mal no recuerdo, que iba por el mundo conociendo los sitios y cosas que lo forman. Yo siempre me lo he imaginado con barbas blancas y un gorrito rojo, a juego con sus pantalones y tirantes; una amplia sonrisa, y unos zapatos peculiares, aunque no sería igual para todo el mundo, claro está.

Siempre lo recuerdo en el ‘cuarto verde’ cortándose y limándose las uñas, con esa lámpara amarilla y esa mesa de madera, que aún siguen allí.

Lo arreglaba todo, todo y todo.

Recuerdo cómo hicimos cariocas con tierra de unas obras y un trozo de tela. Después le poníamos papel de color blanco y azul cortado en tiras y una cuerda atada a su alrededor para lanzarla hasta lo más alto. Muchas acabaron embarcadas en árboles lógicamente…

Mi primer día en bici sin las dos ruedas lo recuerdo como si fuera ayer; de repente miré hacia atrás y él ya no sujetaba la parte trasera de mi sillín…estaba andando yo sola.

Siempre buscaba algo que ya no estaba en su sitio, entonces era cuando le preguntaba a ella.

Íbamos a Ecovol en coche para acompañar a hacer la compra como niñas buenas, y Jose Luis Perales estaba presente en todas nuestras visitas en el polo blanco de ella. A veces también echaba gasolina y limpiaba el coche allí.
Él ponía siempre así o chirigotas de Cádiz.

Ella hacía la comida en la cocina, nos enseñó a coser, cosa que nos tuvo entretenidas una época que duró poco, la verdad.

Nos ayudaba con los vestuarios de los bailes para el colegio y los disfraces para los teatros.

Preparamos postres muchas veces: trufas de chocolate con virutas, tarta de queso hecha con cuajada, y como no la deliciosa tarta de galletas de la abuela.

Leía cuentos antes de que el sueño nos invadiera, y cada noche nos daba un beso tras recitar el ‘jesusito de mi vida’.

Le gustaba comer regaliz negro ‘Pepe’ aunque últimamente se ha aficionado a los regalices rojos de caja grande. También comía rebujito de frutos secos con ese envoltorio amarillo y negro inimitable, mientras tomaba el sol en la playa.

Llegamos a ser clientes ‘VIP’ de mayoral, aunque también del corte inglés, del cual lo seguimos siendo.

Me sostuvo en una mano cuando nací. Al parecer no dí muchos problemas, aunque le causé una gran pena por mi hermanita, ya que la pobre tan sólo tenía un año, y tuvo que dejarla algunos días.

Nos hacía reír con la canción del gatito misifú.

Seguramente guardó algún diente de leche, mientras se hacía pasar por el misterioso ‘Ratoncito Pérez’, y también alguna carta de reyes.

En tardes aburridas, hacíamos teatros con nuestros muñecos Mysweetlove y Martita, llevándolos al médico, haciéndoles las comidas y disfrazándolos o llevándolos al balneario entre otras cosas; haciendo figuras con el keenex, que nos tenía atareadas horas y horas, para al final tener que meterlo todo en la caja otra vez…

Me regalaron un peluche precioso de París, un caballo que aún conservo, y que ya va a llegar a la decena de años, pero sin duda es al que más quiero y al que me aferro cuando algo me ronda por la cabeza. Se llama Trudi. A mi hermana le trajeron a Baby, que era un elefante vestido de traje de chaqueta verde con pajarita y una corona, que seguro que habréis visto alguna vez, lo especial de ese peluche era que dentro tenía una caja de música, con la que nos hemos dormido más de una vez.

Cenas en la terraza del antiguo piso de la playa mientras veíamos como se apagaba la luz del sol y disfrutábamos de la compañía familiar.

Tardes de ver el ciclismo en la dos, esperando a que él se durmiera para cambiar el canal.

Cuando encontramos un móvil el día de reyes pensamos que era para nosotras, pero era para ella. Fue una gran desilusión.

Viajes a Portugal en días lluviosos, en busca de pijamas, manteles, sábanas… Siempre recuerdo los perros de porcelana que había por allí.

A ella le encanta arreglarse, y él siempre le regala cosas para que esté más guapa todavía, y que a ella sin duda le encantan.

A él siempre le gusta dar alguna que otra sorpresa, cuando puede, cosa que he heredado sin duda.

En el Parque de María Luisa siempre íbamos a los leones de piedra y al lago de los patos a darles gusanitos de comer.

Un globo el día de la cabalgata de reyes no podía faltar.

Él nos enseñó a nadar y a tirarnos de cabeza en la piscina.

Nos disfrazábamos con la ropa y el maquillaje de ella.

En la plaza de Triana siempre nos montábamos en aquella especie de tiovivo.

Los domingos por la mañana patinábamos y veíamos teatros de marionetas, o el planetario, en Puerta Triana.

Fuimos a una academia de sevillanas para aprender y conseguimos el ansiado traje de flamenca; ella nos acompañó a comprarlo.

Cuando él se iba a trabajar en su turno de noche al hospital, veíamos una película con ella, arropadas junto al brasero y comiendo helado o frutos secos.

Navegábamos con nuestra barca hinchable por el mar, pero siempre se pinchaba…

Él nos subía en sus hombros y nos hacía saltar al agua.

Ella siempre nos preguntaba la lección y nos acompañaba al ortodoncista, para lo cual era una aventura aparcar.

Él y ella… ella y él…

Ellos han hecho posible que yo sea yo, y les doy las gracias por ello. Gracias por estos pequeños pero valiosos recuerdos.

martes, 7 de diciembre de 2010

PIENSA, PIENSA, PIENSA¡¡¡




   A veces pienso que me explotará la cabeza de un momento a otro de tanto pensar. Creo que pienso demasiado; en lo posible y en lo imposible, cosa que me hace perder el doble de tiempo porque es algo que no va a suceder, pero es curioso como suelo pensar más en lo imposible que en lo posible. Quizás sea porque me hace más feliz el hecho de pensar que algún día se hará realidad, pero en el fondo sé que no. Continuos baches se interponen en mi camino haciendo que me tropiece, para que así pueda ver las cosas como son, y no como me gustaría que fueran.

   Vivo en un mundo fantasioso, en el que solo yo conozco las reglas, y sólo los que me conocen muy bien saben que existe. En él soy completamente yo, y puede que alguna que otra vez este algo desordenado, pero intento que esté en equilibrio. Un poco de ilusión por aquí, un poco de decepción por allá, algo de paranoia con un toque de apariencia y una pizca de simpatía.

    A veces todo se derrumba, todo cae, todo se vuelve negro, todo se desvanece, todo desaparece, todo se acaba… y es entonces, y sólo entonces es cuando vivo en el mundo real, donde la gente no es lo que te esperabas, sigues creciendo y a la vez avanzando a tu propio fin, donde hay mil y una historias de un mismo suceso, donde eres querido y puedes querer pero nunca sale bien, donde se demuestra quién eres pero la gente no quiere verlo. Aquí es cuando aparece el ansiado gris, todo empieza a verse mejor, porque sabes quiénes estarán ahí pase lo que pase, en quiénes puedes confiar, y sabes dónde y cómo encajar. Es en este punto, en el que mi mundo real y mi mundo fantástico se unen, y donde me gustaría estar toda mi vida, sin tener que demostrarle a nadie quién soy y que soy mejor o peor que él, más capaz o incapaz, por qué quiero algunas cosas, o por qué no, donde todo tiene solución, donde existe la confianza plena, y donde los sueños no lo son.

   Por suerte, consigo estar en ese punto más de una vez, pero aunque dura poco, merece la pena. Por eso creo que son mis defectos los que me impiden seguir en ese punto y, los pongo sobre la mesa, e intento encontrar un por qué de cada uno de ellos, pero después me doy cuenta de que forman parte de mí, y que sin ellos no sería yo, por lo tanto se incluyen en mi mundo fantasioso, en el que no todo es perfecto, como habréis pensado algunos al leer esto; en él existe la gente que se equivoca, las segundas oportunidades y la desesperación por intentar algo. Y para cada situación hay una canción, una melodía que nos hace sentir, sentir cosas únicas. Canciones que te hacen llorar, sonreír al recordar buenos momentos, caer en la melancolía, seguir adelante, motivarte… Con ellas me ayudo en todos mis momentos, ya bien sean felices o no, porque si estoy triste no dudaré en no aparentar en lo contrario, y si estoy feliz tampoco. No estoy de acuerdo con la teoría de que si estás mal, hay que salir de fiesta para animarse, todo lo contrario, prefiero reflexionar; son cosas que siempre se pasan, y a veces hace falta pensar, y por eso creo que a veces me va a explotar la cabeza de pensar tanto.

    Quizás estoy más tiempo mal que bien, porque suelo pensar: "Hoy es uno de esos días en los que el problema de uno son los demás". A partir de ahora me he propuesto pensar un poco más en mí, aunque de momento mis resultados no son muy óptimos, todo lo contrario, parece que todo va peor; pero no me caracterizo por tirar la toalla, de hecho es una de las últimas cosas que haría; siempre suelo intentarlo una y otra vez hasta que algo me dice: para, y entonces lo dejo por imposible. Así que seguiré intentándolo, aunque a lo mejor tenga que volver a ser como antes, pero no habrá quedado en el intento.

   Seguramente alguno de vosotros tenga que hacer lo mismo porque nos solemos dejar llevar por los demás y tenemos que rescatar al verdadero YO en muchas ocasiones, pero tenemos que dejar que la gente nos quiera tal y como somos, y no por lo que aparentamos, y decir lo que pensamos y no lo que quieren escuchar.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Son sueños...


Cómo expresar cuánto echamos de menos…
No podemos dibujarlo, porque es como un vacío…
No podemos llenarlo, porque es demasiado grande…
No podemos verlo, porque no es algo material…
No podemos olerlo, porque ya hace demasiado tiempo que ni lo recuerdas…
No podemos tocarlo, porque ya no está…
No podemos escucharlo, porque caeremos en la locura…

Y cuanto más lejos lo ves, más se echa de menos…
Y cuanto más nos alejamos, más se desvanece nuestra esperanza…
Quizá en sueños consigamos acercarnos, pero al despertar todo será como antes, todo… excepto TÚ, porque habrás tenido por unos momentos lo que querías. Todos los días espero a que sea la hora de acostarse para dormir, y así poder soñar con mi vacío personal. Unos días lo consigo, y otros no. Somos dueños de nuestros sueños, pero no soñamos lo que queremos, soñamos con cosas que a veces ni si quiera tienen relación entre ellas; otras soñamos cosas a las que si les encontramos sentido, pero no queremos ver que es la cruda realidad, por miedo. Miedo a q otra vez se desvanezca ese vacío…

Y los días se pasan…
Y cada vez queda menos para que el vacío algún día se llene…

(dedicado a las personas que ya no están, a los que no pueden estar con su familia, y a los que perdieron algo importante)

sábado, 30 de octubre de 2010

Fotografías...


    Con una simple imagen podemos plasmar un sentimiento complejo. Podemos recordar momentos felices, momentos tristes, momentos que hicieron historia, momentos que nunca llegaste a vivir, momentos en los que te hubiera gustado estar sobre todas las cosas, momentos de una vida…

   Si hiciéramos una fotografía al día, seguramente nuestra memoria recordaría más cosas de las que recuerda, y con más detalle; podríamos dejar constancia de todos y cada uno de los días de nuestra vida, en la que nos falta el tiempo para vivir. 

   Tendríamos un álbum interminable, con millones y millones de fotos que plasmarían cómo éramos y cómo somos, tanto física, como sentimentalmente. Después vendría el siguiente paso: intercambiar álbumes. Si pudiéramos ver el álbum de cada persona que vemos por la calle, nos sorprendería la cantidad de prejuicios que tenemos respecto a alguien por su aparencia física. Si intercambias los álbumes, te transformas en la persona que te lo ha cambiado, y vives su vida durante un día, al final de éste dejarás tu foto en el álbum, sabiendo la persona intercambiada, que tú estuviste ahí. Pueden ocurrir dos cosas: tanto que te haya gustado como que no. En el primer caso, os haréis una foto juntos y la pegaréis en vuestro álbum, para dejar constancia de lo que ha ocurrido, y de que ese día no ha sido como los demás, en los que apareces en una foto sólo. En el segundo caso, sigues con tu vida y vuelves a repetir el proceso. Así es como surgen las amistades, las relaciones etc. Dos personas se conocen, por casualidad, o por el destino, y si congenian puede que tengan una gran amistad, y si no pues con otro será; si esa persona es importante en nuestra vida, la tendremos en cuenta en muchas ocasiones, y si no ni se la mencionará a penas, por no decir nada.

   Esto no es más que un curioso ejemplo de cómo es la vida a través de los “ojos” de una cámara de fotos. A veces me gustaría sumergirme en los paisajes que veo en algunas revistas, llenos de color y naturaleza; otras veces me gustaría aumentar el “brillo” o la “luminosidad” de algunos momentos que he vivido, e incluso el “contraste” para valorar más todas las cosas; “borrar” algunos; “pixelar” para ver más de cerca lo que me cegaba; “recortar” personas que nunca estuvieron ahí; “girar 180º” para ver cómo hubiera sido; poner más “ruido” para que no se vea lo que realmente se refleja; tener “memoria XD”, como las cámaras, para sacarla cuando queramos, y pensar en “nada” por unos instantes, no escuchar nada, no ver nada; hacer un “montaje” como si hubiera estado ahí; estar con todos mis amigos a la vez en un “collage”…

   Pero sólo son fotos de momentos que ya nunca volverán, ni aunque estés en el mismo sitio, con las mismas personas, a la misma hora, y con la misma ropa. Ya no será el mismo día del mismo año, con la misma edad…ya no volverá a repetirse. Y eso, es la vida, una sucesión de momentos, que nunca se repiten y llena de acontecimientos, que hacen que vivirla merezca la pena. Si viviéramos en una foto, lo único malo sería no poder vivir; no poder tocar, no poder moverte, no poder escuchar, no poder oler, no poder ver, no poder comer… estaríamos vacíos por dentro y por fuera. Por ello las fotos son tan maravillosas a veces, te hacen recordar cómo olía, como se movía, como miraba… y eso es lo impresionante de las fotografías, que te transportan a un pasado que quizás pudo ser mejor, pero que simplemente fue.

domingo, 4 de julio de 2010

Cuatro letras


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Complicadas cuatro letras… AMOR.
Nadie sabe describirlas.
Ni entenderlas si quiera.
A veces es pasajero,
Otras, verdadero,
Pero siempre nos espera.

  Unos hacen de un grano de arena un mundo, con una mísera llamada, mensaje, comentario insignificante, o una simple mirada. Otros ni siquiera se dan cuenta de lo que tienen delante. Otros no valoran sus principios, vendiendo sus almas por simples besos. Quizá sea cuestión de conceptos, sin duda lo es.

   Unos guardan en lo más profundo de sus mentes ese sentimiento, que nadie sabe, y ni siquiera esa persona se da cuenta a veces, ya que nos solemos dejar llevar por factores que en realidad no buscamos, en la mayoría de los casos el físico. Otros lo divulgan sin darse cuenta de que finalmente por unas fuentes u otras, llega al susodicho, siempre, pero eso les tiene entretenidos durante una parte de su vida, y así reciben consejo de todos, aunque esto puede ser muy contradictorio. Lo peor es que todos estos casos pueden llegar a estar en una única persona, ilusa e inocente.

   Casi siempre hay alguien rondando por nuestras cabezas, aunque no lo hagamos conscientemente, pero ahí están, y desgraciadamente nos hacen sufrir la mayoría de las veces. Cuando lo superamos nos sentimos nuevos, otras personas distintas, pero la pregunta es ¿cuándo lo superamos? Algunas veces durante toda nuestra vida no se supera. Mi teoría siempre ha sido la superposición, es decir, cuando quieres a alguien que no te corresponde, este desaparece de tu cabeza cuando consigues encontrar a otro que lo sustituya por completo, y entonces, sólo entonces, conseguiremos olvidar…esta etapa puede llevar mucho tiempo pero puede lograrse.

   Solemos hacer lo que sea por la persona a la que queremos, y sin darnos cuenta caemos en una especie de “favoritismo” ya que cualquier cosa que pide por esa boquita será suficiente para hacer sus deseos realidad, ¿por qué? Porque pensamos tontamente que así le vamos a gustar más, pero no. Aún sabiéndolo lo seguimos haciendo. Hasta que un día nos hartamos, y decidimos pasar por completo de su mínima presencia, la persona se da cuenta y lo hecha en falta, pero ya es tarde, la decisión está tomada, si no nos haremos más daño del que la persona nos hace ya de por sí. De esta manera perdemos la amistad.
Nos sentimos estúpidos, impotentes, y decepcionados, pero no podemos remediarlo. La amistad rompe las relaciones, ya que muchas nunca llegan a formarse por miedo a perderla; pero en mi opinión se acaba deteriorando mucho más si no se intenta, por el simple hecho de no poder mirar a la cara al otro, porque tenemos miedo de que aparezca esa sensación cada vez que lo hacemos. La inseguridad es normal, nadie está cien por cien seguro de lo que dice o hace, pero en el riesgo está el triunfo, si no se arriesga no se gana. Desgraciadamente la gente no es muy aventurera y casi nunca se arriesgan, para no hacer daño al otro, o para no perder la amistad… Siempre he pensado que son meras excusas para no enfrentarte a lo que realmente podrías llegar a sentir, aunque claro está no siempre es el caso. 

   No debería ser tan complicado. Son sólo cuatro letras, pero con un gran significado. Si habéis dicho “te quiero” os habrá costado la misma vida la primera vez, eso es por el simple hecho de no saber si el otro estará a la altura de comprender esas palabras y aceptarlas sin salir corriendo, miedo al fin y al cabo. Seguro que habéis querido decírselo a alguien y no habéis podido, porque algo en vuestra cabeza no os dejaba, pensaríais: ya se lo diré otro día, aún no es el momento. O cuando te lo dicen a ti, con una sola mirada basta. Pero, hay tantas formas de querer, querer a tu hijo, a tus padres, a tu novio, al que algún día puede llegar a serlo, a tu hermano, a tu mejor amigo, a alguien con el que ni siquiera has hablado…

   Si lo dijéramos tan a menudo no tendría tanta importancia, sin embargo la tiene, y cuesta mucho expresarlo.

    A veces sólo quiero alejarme del mundo, y pensar en blanco, pero casi nunca lo consigo, siempre estoy pensando en cosas, no lo puedo remediar. Y sé que ni una mínima parte de mí merece estar con los cinco sentidos en una persona a la que no podré alcanzar, pero así es. Ojala lo pudiera cambiar. Si naciéramos con unas instrucciones, tendríamos la vida resuelta y no sería nada difícil vivir, pero eso es lo que hace que la vida sea lo mejor que nos ha podido pasar, y no la podemos desaprovechar. “Todo llega y todo pasa” y algún día encontraremos a alguien que nos haga felices con tan solo una mirada, un beso o una caricia, y probablemente nunca imaginamos que estaríamos con esa persona. Hasta entonces dejaré que mis sentidos actúen por sí solos.
Diario de una ilusa inocente.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Sensaciones


   Hay cosas indescriptibles en la vida; esas pequeñas cosas que nos hacen recordar momentos inolvidables que solo están en nuestra mente. Por ejemplo el olor a lluvia, el olor a césped, el primer rayo de sol del verano dándome en la cara tras un invierno frío, la brisa marina que roza la piel mientras cerramos los ojos y respiramos hondo, un atardecer en la playa sumergido en la soledad, o en la compañía de una de las personas que más apreciamos, el tacto de la arena deslizándose entre los dedos, nadar bajo el agua con los oídos taponados, volver a casa después del verano, empezar de nuevo la rutina, mirar el cielo inmensamente azul, ver figuras en las nubes y compartirlas, ver las estrellas mientras estás tumbado en la arena, satisfacción con uno mismo, decepción, impotencia, confiar en alguien y saber que nunca te fallará, seguridad, llorar de alegría, flotar en el agua, hacer postres con tu madre, ir a museos y comer con la familia, tu primera vez en bici, tu primera vez, saber que has hecho lo que debías, no saberlo, culpabilidad, estrés, perderte, mirar al horizonte intentando ver algo, señalar a quien no debías, meterte donde no te llaman, hablar más de la cuenta, no darse cuenta de lo importante, que el trabajo de sus frutos, esperanza, engaño, autoconvencimiento…




domingo, 16 de mayo de 2010

Una vida pasajera...



Cuando tenemos algún problema, parece que se nos cae el mundo encima. Pero no sé si os habéis dado cuenta alguna vez, de la cantidad de gente que hay en el mundo… El metro es el sitio idóneo para pensar en ello. La próxima vez fijaos en todas las personas que entran y salen por sus puertas. Cada uno tiene su vida, sus sueños sin realizar, su ilusión, sus seres queridos, su forma de vestir, su color de piel, su mirada, su personalidad, su trabajo, sus complicaciones, sus penas, sus alegrías…


Miles de personas suben y bajan las escaleras del metro para llegar a sus destinos. Personas cansadas, tristes, deseando llegar a casa, con una expresión en la cara de “quiero que acabe este día YA”, o simplemente pensando en lo que han hecho durante el día, o lo que harán el siguiente, o cuando lleguen a su hogar. Todos inconscientemente pensamos en esas cosas cuando vamos solos, y le damos vueltas muchas veces a cosas que no tienen apenas sentido, pero claro está, nosotros se lo vamos a dar: sí o sí… o simplemente vamos escuchando la música de nuestro móvil, i-pod o lo que sea, y desconectamos durante el trayecto del mundo; este mundo en el que todo lo que nos rodea tiene un precio y nos produce una sensación. Cuando os montéis la próxima vez en el metro, coged a una persona cualquiera, y observadla; mirad si es extranjera o no, cómo viste, los zapatos que lleva, si lleva o no calcetines y de que color, si lleva pendientes, anillos o pulseras, si lleva o no gorra, o gafas, si lleva el pelo corto, largo, recogido, trenzado, con rastas, calvo, rapado, si es mayor o joven; en la forma de su cara, si es redonda, alargada, deforme, simétrica; en sus ojos, si son pequeños o grandes, y de que color; en su mirada, si es penetrante, sincera, o intimidante; si está triste o alegre, si puede que tenga hijos o no, si tiene una vida ajetreada, si tiene pareja, el móvil que lleva, la forma de su boca, sus dientes, su sonrisa, sus cejas arqueadas o rectas, si tiene calor o frío, en las arrugas de su rostro; sus orejas, si son grandes o pequeñas, separados o juntas; sus uñas, en la forma de sus dedos y manos, el timbre de su voz…


Todas estas cosas forman a una persona físicamente, por eso muchas veces se dice que una imagen vale más que mil palabras, aunque también dicen que la apariencia no lo es todo… y es cierto, no podemos juzgar a las personas por cómo visten o el color de su piel, sino por cómo son en realidad. Todos tenemos problemas, a veces con solución, a veces sin solución, con más o con menos apoyo… pero siguen siendo problemas, y cuando se van unos vienen otros, y así transcurre la vida; pero sin problemas no hay alegrías. Sólo hay que darle una visión diferente a las cosas, no tiene porque ser blanco o negro, existe el gris, y una amplia gama de colores que ver y usar para pintar nuestro cuadro, nuestra vida. Una vida que es única y no debemos desaprovechar, y por eso no debemos dejar que nadie nos diga qué tenemos que hacer siempre, sólo nos han de guiar por el buen camino, pero la decisión siempre será nuestra.


También dicen que el dinero no lo es todo, y que sin este se puede llegar a la felicidad… En mi opinión es cuestión de conceptos, si uno está acostumbrado a ser feliz con poco no hace falta mucho dinero, pero si uno ha vivido bien durante toda su vida, para lo cual hace falta dinero, no quiere bajar de nivel, sólo mejorar. Algunos piensan que para ser feliz tienes que ver alguno de tus sueños hechos realidad, estar con una persona a la que quieras y tener la vida que siempre quisiste; pero en esto consiste la vida, en tener aspiraciones, e intentar cumplirlas, y puede que en trayecto surjan miles de encrucijadas que te impidan conseguir ese objetivo final, pero que por alguna razón están ahí, y hay que superarlas o aceptarlas… el secreto de la felicidad está en vivir la vida, simplemente.


Entonces, pensad, la cantidad de vidas distintas que hay, infinitas, podríamos decir que tantas como personas, ya que nadie es igual a otro, por lo que su vida será distinta. A veces la gente me dice “pero si eso fuera mi mayor problema”, esto demuestra que nunca te puedes comparar con los demás en estos temas, porque son incomparables. A lo mejor para mí suspender una asignatura en la universidad es un cristo, y para otros no, pero claro está que no son las mismas condiciones nunca. Pues bien espero haberos hecho reflexionar un poco en vuestras vidas y en que hay que tomársela con más calma, a pesar de todos los problemas que se puedan acarrear, ya que son solo pruebas que te hacen seguir adelante.