Y si el destino no existe no somos dueños de nada, todo esta predeterminado. El azar se desvía de nuestro camino cada vez que tomamos decisiones. Todos los días decidimos qué hacer desde que nos despertamos hasta que volvemos a conciliar el sueño.
¿Destino? Más bien ilusiones creadas para mantenernos entretenidos con algo y despreocuparnos de tener que elegir.
¿Si algo tiene que ocurrir ocurre? Todo depende de la decisión que tomes en el momento, de la voluntad y por supuesto de las ganas que tengas En estas encrucijadas siempre se enfrentan cabeza y corazón, y la mayoría de las veces no hacemos lo que deberíamos. Algunos culpan al destino, pero en realidad son ellos mismos los culpables. Es cierto, puede que aquel día si no hubieras estado ahí a esa hora, no hubiera sucedido lo que sea, pero todo es consecuencia de haber tomado decisiones previamente. Ese día decidiste ir por otro camino que no era el habitual, o llegar más tarde a un sitio…
¿Quién la sigue la consigue? A veces sí, aunque deberíamos decir quien la sigue tanto tiempo la consigue. Aunque como en todo hay excepciones en la que no conseguimos lo que queremos ni a la de tres, hay que ser realista. Normalmente sólo consiste en poner interés, tiempo, dedicación y como ya he mencionado antes, ganas e ilusión en lo que queremos. Puede que tardemos una vida pero si lo conseguimos, la satisfacción será mayor.
Todos perseguimos algo.
Podría decirse que gracias a las películas, que consiguen distraernos de la realidad un par de horas, pensamos que todo es más posible. La cuestión es por qué, ya que es ficción en una pantalla que plasma historias que a veces ni siquiera son ciertas, de hecho la mayoría no lo son. La respuesta es porque nos interesa, nos conviene pensar que algún día nosotros seremos como los de la película ( y obviamente no hablo de tener superpoderes o robar bancos, ni tener una hija con exorcismos).
En general, creo que casi nadie tiene la vida que había soñado cuando era joven, y eso que a mí aún me falta por crecer. Ideas, proyectos, sueños rotos al fin y al cabo, que han ido cambiando su forma y no tenían nada que ver con los del principio. Esta metamorfosis es resultado de nuestras prioridades, y éstas sólo cambian por dos cosas: interés y amor.
No sabemos cómo seremos dentro de 20 años, ni con quién estaremos ni dónde. Y seguramente no habremos hecho nada de lo que queríamos. ¿Destino? No, decisión. ¿Azar? No, prioridad. ¿Ficción? No, realidad.
Sin embargo, nadie piensa en lo que debería sino en lo que le conviene: destino, azar y ficción. Basamos nuestras vidas en eso porque así somos más felices.
Por suerte, a medida que vamos creciendo nos damos cuenta de las cosas, aprendemos a sobrevivir y a protegernos. La experiencia al menos, juega a nuestro favor.
Aprendemos de nuestros errores y, poco a poco también a decidir cuáles son las prioridades que nos convienen en realidad, y no a creer que por azar tenemos un destino basado en la ficción.
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