Después de este año de una serie de catastróficas desdichas espero que mi mala suerte tome otra dirección porque llega un momento en el que dejas de vivir por dentro. Ya no sabes si es el karma o porque te ha mirado un tuerto, pero ya va siendo hora de que se vaya de mí. No quiero que me decepcionen más, no quiero que me minusvaloren más y no quiero que la gente espere de mí lo que ellos no harían ni por ellos mismos. No quiero que nadie haga sacrificios por mí que crea que no merezco, no quiero que cuando necesite a alguien no esté y no quiero que este vacío se haga cada vez más grande. Estar al límite, al borde del precipicio, no saber cómo acertar o cómo hacer que todo vaya bien otra vez, y estar solo ante él. Ante la duda de dar el paso hacia delante o retroceder, de saber que todo acabará en un segundo o de que puede que algo empiece a ir bien, porque… ya, no puede ir peor.
Y una vez más la esperanza será la protagonista de otra historia desesperada, el comienzo de un nuevo fin.
No puedo empezar de cero, pero sí tomar decisiones que cambien el futuro y prescindir de lo innecesario, de lo que me hace daño y de lo que me produce esta sensación. Soy como la pieza de un puzzle que se ha perdido y sin ella no se puede completar, esencial, pero si no la encuentras terminas por dejar el puzzle incompleto; como un náufrago a la deriva o un nómada sin destino que al fin y al cabo lo único que quieren es encontrar un sitio al que llamar hogar; como el niño nuevo que llega a clase deseando de hacer amigos, nervioso e ilusionado con todo, pero vuelve a casa sin ellos; sin rumbo y totalmente maleable, sin ganas…
Espero que algún día me reencuentre con mi verdadero camino, porque esta desviación ha sido un infierno.
Espero encajar de una vez en algún sitio. Algo que me complete al menos en parte y que pueda ayudar con el parachoques que estoy creando ante mí. Espero que no se haga infranqueable e irrompible, espero que no sea demasiado tarde. Tiempo al tiempo es todo lo que me queda, lo demás, igual que fácil ha venido, fácil puede marcharse. Dicen que nada dura para siempre, y cada vez creo más en ello. Solo puedes fiarte de ti mismo.
Así que lo único que me queda por decir es: “Perdón, gracias y adiós”.

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