viernes, 3 de mayo de 2013

Redes sociales



Las redes sociales han creado avances respecto a la comunicación, pero un gran atraso en las personas. La juventud de hoy en día se deja llevar. Tanta tecnología atrofia el cerebro. En vez de salir a la calle a hablar con gente físicamente, prefieren hacerlo desde casa. Parece ser que así es más fácil. Antiguamente esto no existía, y sorprendentemente han sobrevivido, pero ahora es como una necesidad. Esa necesidad es la fuente de muchos de los problemas de las relaciones interpersonales. Si no estás en la lista no eres amigo, eso es así. 
Y luego están los que sin serlo se toman confianzas imprevisibles, todo por culpa de escribir en vez de hablar. Cuando te encuentras a algún amigo lo normal es pararse a hablar aunque sea un minuto para saber de él, que lo saludes con un escueto ‘hola’ y luego lo avasalles por escrito. Eso es una moda; como no tienes que verle la cara, no importa decir lo que sea, le echas cara y pasas la bola. Por otra parte ver continuamente cuando te leen y cuando no, ha sido el mayor daño, ya sabéis de que hablo, la última conexión a las X horas. Y yo me pregunto con todas las cosas que han inventado, porqué ésta es la más inútil. 

Deberíamos volver a escribir cartas, sí, a los manuscritos. Esa ilusión que te da tener correspondencia no la da la última conexión. Tardan unos días en llegar, y mientras puedes despreocuparte. Si hablamos por teléfono tenemos el poder de colgar cuando nos interese, de no escuchar lo que no queremos, además a veces no hay cobertura y te quedas hablando solo. Las cartas son perfectas. Así haces llegar lo que quieres al destinatario, y lo lee todo, y además las veces que quiera, y puede hasta pedir opinión, porque está escrito y en papel, no va desaparecer pulsando el botón de eliminar. Por supuesto que para una urgencia o algo grave el teléfono es lo mejor, no critico su utilidad, sólo me refiero a las relaciones humanas. 

La comunicación es esencial en el mundo entero. Pero somos imperfectos, tendemos al desorden, a hacer lo que nos conviene y a hacer un mal uso de ciertas cosas. No digo que las redes sociales no ayuden, porque son lo mejor como método expansivo publicitario pero creo que se está desbordando el asunto. Una vez más me remito a los hechos, que hablan por sí solos.

El móvil antes servía para llamar y mandar un mensaje, ahora es un miniordenador que llevamos a todas partes porque se ha convertido en nuestra mano derecha.

Hay que tener ciertos límites. 

No sé si cuando me toque tener hijos, si los tengo, jugarán con un robot en vez de con sus amigos, pero me asusta pensar que tengamos demasiada dependencia a la tecnología. Cada vez existen más máquinas que sustituyen el trabajo de las personas y lo que piensan, sienten o dicen. Necesitamos ser útiles e interactuar. Y es irónico que yo escriba esto, y lo publique en Internet, pero es la única forma desgraciadamente. Sólo es una reflexión de tantas.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

en mis nochesitas de depresion me siento identificada contigo... desde Chile con cariño

Ana dijo...

muchas gracias¡¡ me alegro de que te sirvan mis posts; mucho ánimo, un abrazo!!:)

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