Y te dicen que
te quedes con los momentos buenos, que con el tiempo todo pasará y que hay que
superarlo. Pero lo que no te dicen es el silencio mental que se queda vagando
en el cerebro, las miles de preguntas sin responder que ya nunca tendrán
respuesta o que el tiempo se para, pero sigue. Es duro no haber sido consciente hasta que no has
estado insoportable. No haber estado aquí en años y con la inútil inocencia que
me caracteriza pensaba que todo se arreglaría algún día, que solo era una mala
racha.
Ahora que te has ido siento rabia de no haber
podido tenerte nunca como quise. Rabia que siempre he sentido hacia ti por todo
lo que ya sabes. Y a la vez impotencia de la que no me daba por vencida, solo
por ser tú. Sé que tenías tus momentos y que tu mente traicionaba la realidad,
pero siempre intenté que estuvieras orgulloso de mí, y lo seguiré haciendo. Una
vez más no estoy de acuerdo en tu manera de hacer las cosas, pero es algo que
por lo visto tenía que pasar. Me hubiera gustado que me vieras acabar la carrera
y quizás emprender un nuevo camino, para demostrarte que puedo con todo lo que
me propongo y que llegaré lejos, te lo aseguro, aunque sé que eso nunca lo
dudaste. Espero que desde algún sitio me cuides, como has hecho siempre, aunque
no estarás presente en muchos de los días más importantes de mi vida.
Te has ido sin
más, sin decir adiós si quiera, sin dar cuentas a nadie y sin que pueda tener
un recuerdo inmediato mínimamente feliz de ti.
Tú y tus
manías de arreglarlo todo, de perfeccionar todos los detalles, de implicarte en
cuerpo y alma en los problemas para solucionarlos, tus pijamas de rayas, tu
chubasquero naranja, tu belén de navidad, tus colecciones de discos, tu moto,
tus libros, tus manos, tu ilusión, tus pequeñas sorpresas que te hacían grande,
tu entrega y tus ganas que, se quedaron atrás hace mucho, aunque han sido
heredadas.
Estarás siempre dentro de mí, a cada paso que dé. Eras mi mitad prohibida; la cometa que siempre me costaba hacer que despegara, corría y tiraba del hilo más que nadie pero no paraba de caerse y, solo a veces lograba alzarla bien alto, otras la llevaba a mis espaldas, parecía de hierro; querías que yo siguiera tus pasos y volara detrás de ti y no contigo. Nunca nos entendimos, es lo que nos ha tocado, ser iguales pero opuestos. Siempre te he admirado, supongo que como todos los hijos que ven a su padre como superman, cuando pequeña veía imposible que nadie supiera más cosas que tú. Que injusta es la vida, te golpea con un revés impecable y te deja en medio de un mundo inexperto para que te las habíes. Los papeles han cambiado, pero seguiré tirando del hilo aunque no estés, no dejaré que se caiga porque haya soplado un viento sin rumbo. Vendrán más vientos inoportunos, huracanes y terremotos, pero tú estarás conmigo, tú y tus manías, tú mi cometa de hierro.

1 comentarios:
uff los pelos de punta... ánimo Ana! como dicen en una película: la vida es escalar pero la vista desde arriba es genial! 1 abrazooooo
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