martes, 14 de octubre de 2014

El armario desastre

Hoy dije adiós a tu mochila vaquera desgastada que tantos años se llevó colgada en la terraza, junto a todos los cachivaches que guardabas en ese armario que, de alguna manera era el baúl de los recuerdos, una verdadera máquina del tiempo. Cajitas de todos los tamaños habidos y por haber, alambres, partes de objetos viejos que serían el proyecto de cualquier cosa en tu cabeza que nunca paraba de idear, libros y folletos, herramientas para todo, fotos, y una larga lista de “cosas que algún día servirían para algo” con las que siempre arreglabas todo.

Dejadme que os diga que por más que guardemos cosas sin parar, la mitad no sirve para nada y, de la otra mitad deciros que pasará mucho tiempo hasta que os haga falta, pero aun así nos empeñamos en almacenar, por si acaso, os lo dice una que ha hecho dos mudanzas en menos de un año. Y quién no tiene ese cajón medio desordenado y caótico en su casa con este tipo de cosas… parece que terminan formando parte de uno mismo; encuentras algo y lo guardas ahí, se rompe algo y decides reciclar alguna parte y lo guardas ahí, te dan un recuerdo en alguna charla y lo guardas ahí, ganas un premio de lo que sea y lo guardas ahí, cosas de propaganda que pueden interesarte, el típico regalo de amigo invisible que no te gustó, en definitiva cosas inútiles sí, pero quizá eso que guardas “ahí” son tus pequeños tesoros, y no me refiero al hecho de que sean objetos, sino a los momentos en los que decidiste quedártelos y no deshacerte de ellos, en cierto modo los adoptamos, los rescatamos.

Me he dado cuenta de que guardabas tu vida “ahí”, y yo sin saberlo, cualquiera tocaba tus cosas; siempre que te hacía falta algo ibas directo hacia él. El ser humano es un misterio, pero parece que a veces queremos dar pistas a los demás para que averigüen lo que realmente pensamos o queremos en vez de decirlo directamente; podría decirse que ese armario no eran más que un cúmulo de objetos que formaban parte de tu complejo e intrigante ser y, una vez abierto y analizado he comprobado la cantidad de cosas que rondaban por tu mente. Era el armario de las posibilidades; guardabas tus ilusiones, tus ideas, tus proyectos y tus preocupaciones, era tan tuyo y estaba tan cerrado siempre como lo estabas tú, quizá guardaste demasiado.


Y hasta aquí mi pequeña reflexión de hoy, no guardéis tanto, porque a veces no se puede ni abrir la puerta para ver lo que hay dentro. 



1 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha hecho por un lado reflexionar sobre mi vida, y por otro hacerme preguntas sobre la tuya.

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