Hoy dije adiós
a tu mochila vaquera desgastada que tantos años se llevó colgada en la terraza,
junto a todos los cachivaches que guardabas en ese armario que, de alguna
manera era el baúl de los recuerdos, una verdadera máquina del tiempo. Cajitas
de todos los tamaños habidos y por haber, alambres, partes de objetos viejos
que serían el proyecto de cualquier cosa en tu cabeza que nunca paraba de idear,
libros y folletos, herramientas para todo, fotos, y una larga lista de “cosas
que algún día servirían para algo” con las que siempre arreglabas todo.
Dejadme que os
diga que por más que guardemos cosas sin parar, la mitad no sirve para nada y,
de la otra mitad deciros que pasará mucho tiempo hasta que os haga falta, pero
aun así nos empeñamos en almacenar, por si acaso, os lo dice una que ha hecho
dos mudanzas en menos de un año. Y quién no tiene ese cajón medio desordenado y
caótico en su casa con este tipo de cosas… parece que terminan formando parte
de uno mismo; encuentras algo y lo guardas ahí, se rompe algo y decides reciclar
alguna parte y lo guardas ahí, te dan un recuerdo en alguna charla y lo guardas
ahí, ganas un premio de lo que sea y lo guardas ahí, cosas de propaganda que
pueden interesarte, el típico regalo de amigo invisible que no te gustó, en
definitiva cosas inútiles sí, pero quizá eso que guardas “ahí” son tus pequeños
tesoros, y no me refiero al hecho de que sean objetos, sino a los momentos en
los que decidiste quedártelos y no deshacerte de ellos, en cierto modo los
adoptamos, los rescatamos.
Me he dado
cuenta de que guardabas tu vida “ahí”, y yo sin saberlo, cualquiera tocaba tus
cosas; siempre que te hacía falta algo ibas directo hacia él. El ser humano es
un misterio, pero parece que a veces queremos dar pistas a los demás para que
averigüen lo que realmente pensamos o queremos en vez de decirlo directamente;
podría decirse que ese armario no eran más que un cúmulo de objetos que
formaban parte de tu complejo e intrigante ser y, una vez abierto y analizado
he comprobado la cantidad de cosas que rondaban por tu mente. Era el armario de
las posibilidades; guardabas tus ilusiones, tus ideas, tus proyectos y tus
preocupaciones, era tan tuyo y estaba tan cerrado siempre como lo estabas tú,
quizá guardaste demasiado.
Y hasta aquí
mi pequeña reflexión de hoy, no guardéis tanto, porque a veces no se puede
ni abrir la puerta para ver lo que hay dentro.

1 comentarios:
Me ha hecho por un lado reflexionar sobre mi vida, y por otro hacerme preguntas sobre la tuya.
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