Últimamente he observado
como la gente camina de un lado a otro, con tanta prisa que, a veces no saben
ni a donde se dirigen. Y es que siempre llega ese momento en el que te quedas
quieto y ves como los demás siguen con
su ir y venir; sí, pero, instintivamente te paras en seco y te planteas las
cosas desde otra perspectiva. Deja que ellos sigan con sus historias, tú alza
la mirada hacia el vacío que tanto te aterra y piensa bien lo que vas a hacer.
Deja de pensar que la respuesta está en las canciones, en que hay señales que
te ayudan en el camino o que siempre habrá alguien que te salvará el cuello en
el último segundo. Toma la iniciativa, sé tú mismo y elige el camino que
quieres seguir. No, no es fácil, pero nadie dijo que lo fuera, simplemente hay
que armarse de valor y despertar esa chispa interior que hace que te muevas.
Es como vestirse todos los
días. Si llueve lleva paraguas para no mojarte, y si puede ser unas botas de
agua, si no lo haces a ver quien aguanta el chaparrón que cala hasta los huesos. Si hace frío
procura llevar un buen abrigo, porque aunque digan por ahí que el frío es bueno
para el cutis ¿no querrás coger un resfriado verdad? Por supuesto que no se te
olviden una buena bufanda y unos guantes. Si hace un buen día no pueden faltar
unas gafas de sol que protejan los ojos con los que ves todo lo que te rodea.
Si vas a salir de fiesta arréglate. Si vas a una entrevista de trabajo sabes
que hay que ir formal.
Como puedes ver son cosas
“de cajón”. Sólo es cuestión de asomarse a la ventana. Aunque, todos nos hemos
mojado porque se nos olvidó el paraguas encima de la mesa antes de salir. Quién
no se confió de un buen día de sol invernal y dijo: Dejo el abrigo en casa que
hace mucho calor; y luego muerto de frío mendigando una bufanda a tus amigos.
Que levante la mano quién no ha intentado mirar fijamente al sol unos segundos
para demostrar que no pasa nada y después acaba viendo puntos negros en las
caras de los demás. Siempre hay alguno al que no dejan entrar porque no va bien
vestido. Y cómo no, si vas a una entrevista, la imagen juega un papel
fundamental.
Al fin y al cabo todos los
días sales vestido de casa. Sales por la puerta con la monotonía a cuestas pero
te das cuenta de que si no haces lo que quieres en realidad, otro lo hará por
ti. ¿Por qué no vas a ser tú mismo el que lo haga? Nunca es tarde, sólo tienes
que saber que ponerte hoy. Ten en cuenta que habrá obstáculos; puede romperse
tu paraguas, alguien puede robar tus gafas o puedes llegar tarde a la
entrevista, y son factores que se te escapan de las manos, pero que los medios
no justifiquen el fin. Porque hagas lo
que hagas ellos van y vienen, y vienen y van, pero lo que de verdad importa eres tú.

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