lunes, 20 de enero de 2014

Fin de año para bien o para mal

No sé si el 2013 ha sido un año de mierda por el 13 que lleva inmerso o  porque nos ha tocado, personalmente no soy supersticiosa, pero, no voy a dedicar más palabras al pasado. Pasado pisado como dice la canción. Dediquemos unos minutos a pensar en el año nuevo.

Querido 2014, te diría que espero que seas el mejor año de mi vida, que me quitarás las penas y que me darás todo lo que siempre pido y más, pero siendo realistas, no sabes lo que nos viene encima. Será el año en el que acabe mi carrera, por fin; zanjaré algunos asuntos en mi vida y estaré más cerca de los 30. Y claro que sí, hay que salir a celebrarlo, con los amigos y con la familia, que son lo que tenemos y lo que somos al fin y al cabo. Aunque no hayamos tenido mucha suerte hasta ahora debemos pensar en positivo y seguir adelante, valorar lo que tenemos, y eso señores, eso, hay que celebrarlo.
Doy gracias al 2013 por darme la oportunidad de recuperar a personas que daba por perdidas, por no perder la paciencia, por tener a personas maravillosas a mi lado y por conocer a otras nuevas que espero que sigan mucho tiempo en mi vida. Y no, este año no se me va a olvidar como los demás, porque ha sido muy importante en muchos aspectos, tanto buenos como malos. El tiempo es la mejor cura para todas las heridas pero también las personas que te rodean.

Por eso quiero pensar en el año que entra, cargado de dios sabe qué, pero también de tiempo; tiempo de reconciliación, de reflexión, de pensamientos y sentimientos que hay que aceptar. Así que de antemano, 2014, te doy las gracias, por que sé que aunque no se cumplan todos mis objetivos o aunque pierda cosas por el camino me darás ese tiempo que tanto necesito.



jueves, 28 de noviembre de 2013

En lo bueno y en lo malo

X: cualquiera con un mal día, que lo ve todo negro
C: camarero del bar
A: amiga



X-¿Me trae la carta cuando pueda?
C-Sí, ahora mismo se la traigo. Les digo los platos del día:

Vacíos llenos de nada empanados.
Vacíos sin sentido rebozados.
Vacíos rellenos de desquicios irreales y comprensión limitada a la parrilla.
Vacíos inmunes en salsa.
Y el vacío especial de la casa.

X-Pues una ración de vacíos de la casa por favor.
De esos que no vienen a cuento.
De esos que son para compartir.
De esos que hacen que quieras volver.

X-A ver la carta… Mira, y media de nunca jamás también.
De los que ya no quedan
Como los de esa mesa de ahí.

X-¡Ah!, y cuando pueda un par de tintos.
Con ese sabor a olvido
De los que saben quitar las penas.

C-¡¡Marchando!! (Pasan diez minutos; la amiga se levanta y va “al baño”)

C-Aquí les traigo las cervezas.

X-¡¡Pero si he pedido tintos!!

C-Lo siento pero su amiga me dijo cervezas al final. (Miradas cómplices ¬¬ , mientras el camarero sigue poniendo cosas sobre la mesa)

C-Por aquí la ración de vacíos rellenos de buenos momentos y la media de nunca digas nunca.

X-Perdone se ha equivocado, no he pedido eso tampoco. (Miradas cómplices de nuevo ¬¬)

C-Eso también lo ha pedido ella, lo siento.

X-Vale, no se preocupe, comeremos esto entonces.

C-¡¡Que aprovechen señoritas!!

X-Gracias. (Coge el tenedor y el cuchillo y con algo de resignación comienza a comer; su amiga mientras, sonríe. Ella acaba sin rechistar e incluso rebaña el plato.)


A-Estaba bueno ¿no?

     Esto es una simple muestra de cómo los amigos que tenemos saben cómo hacernos sentir mejor, cuando estamos en esos momentos de debilidad. Y verdaderamente se aprecia aunque no sea en el momento, porque muchos lo hacen sutilmente o sin ni siquiera decir una palabra (a veces las miradas bastan, las cómplices sobre todo). Saben justo dónde nos duele, y tienen la mejor receta para hacernos reír o animarnos. Gracias a todos los que hacéis que los tropiezos no sean para tanto y por hacer que las piedras con las que tropezamos parezcan más pequeñas  cuando estamos con vosotros.





lunes, 11 de noviembre de 2013

Noviembre.



No todos los noviembres son iguales. Es cierto que el otoño va dejando poco a poco las hojas en el suelo, y con ellas el verano y sus momentos infinitos se van desvaneciendo, y eso es algo que no cambia. Pero las hojas no son las mismas, ni los veranos, ni siquiera nosotros mismos, ni nuestras circunstancias. Seguramente sea mi último noviembre en la Villa y Corte, pero no es como los demás. Piso fuerte al andar y escucho crujir esas hojas caídas que, acompañan el eco del viento y me hacen seguir despierta. Tiempo de recogida, llegó el frío, la lluvia, y quizás la nieve, a veces. Crujen; colores en escalera, desde el marrón más intenso, pasando por naranjas cálidos cargados de indecisiones, hasta el sutil amarillo que abarca los últimos rayos de sol. El viento se las lleva, las mueve a su antojo, las barre, las arrastra, las olvida.  Y así, estamos preparados para renovarnos, vacíos pero llenos de un futuro incierto. Y crujen al pasar, esas hojas en el suelo, que para muchos es consuelo y para otros despertar.






sábado, 9 de noviembre de 2013

Querer querer



  

 Hay muchas formas de querer:

      Querer con ganas o sin ellas,
      Querer con miedo,
      Querer absolutamente,
      Querer irse,
      Querer volver,
      Querer evadirse,
      Querer distancia,
      Querer tiempo,
      Querer esperar,
      Querer poder,
      Querer estar,
      Querer sentir,
      Querer vivir,

   Pero lo más importante es querer querer. A menudo todos nos quejamos de cosas, sobre todo yo; y hay veces que el verdadero problema es querer de verdad. Si eso falla todo se derrumba, no queramos empezar la casa por el tejado. La voluntad mueve montañas, la verdadera cuestión es: ¿quieres moverlas? 



martes, 17 de septiembre de 2013

Tú, mi cometa de hierro

Y te dicen que te quedes con los momentos buenos, que con el tiempo todo pasará y que hay que superarlo. Pero lo que no te dicen es el silencio mental que se queda vagando en el cerebro, las miles de preguntas sin responder que ya nunca tendrán respuesta o que el tiempo se para, pero sigue. Es duro  no haber sido consciente hasta que no has estado insoportable. No haber estado aquí en años y con la inútil inocencia que me caracteriza pensaba que todo se arreglaría algún día, que solo era una mala racha.

 Ahora que te has ido siento rabia de no haber podido tenerte nunca como quise. Rabia que siempre he sentido hacia ti por todo lo que ya sabes. Y a la vez impotencia de la que no me daba por vencida, solo por ser tú. Sé que tenías tus momentos y que tu mente traicionaba la realidad, pero siempre intenté que estuvieras orgulloso de mí, y lo seguiré haciendo. Una vez más no estoy de acuerdo en tu manera de hacer las cosas, pero es algo que por lo visto tenía que pasar. Me hubiera gustado que me vieras acabar la carrera y quizás emprender un nuevo camino, para demostrarte que puedo con todo lo que me propongo y que llegaré lejos, te lo aseguro, aunque sé que eso nunca lo dudaste. Espero que desde algún sitio me cuides, como has hecho siempre, aunque no estarás presente en muchos de los días más importantes de mi vida.

Te has ido sin más, sin decir adiós si quiera, sin dar cuentas a nadie y sin que pueda tener un recuerdo inmediato mínimamente feliz de ti.

Tú y tus manías de arreglarlo todo, de perfeccionar todos los detalles, de implicarte en cuerpo y alma en los problemas para solucionarlos, tus pijamas de rayas, tu chubasquero naranja, tu belén de navidad, tus colecciones de discos, tu moto, tus libros, tus manos, tu ilusión, tus pequeñas sorpresas que te hacían grande, tu entrega y tus ganas que, se quedaron atrás hace mucho, aunque han sido heredadas.

Estarás siempre dentro de mí, a cada paso que dé. Eras mi mitad prohibida; la cometa que siempre me costaba hacer que despegara, corría y tiraba del hilo más que nadie pero no paraba de caerse y, solo a veces lograba alzarla bien alto, otras la llevaba a mis espaldas, parecía de hierro; querías que  yo siguiera tus pasos y volara detrás de ti y no contigo. Nunca nos entendimos, es lo que nos ha tocado, ser iguales pero opuestos. Siempre te he admirado, supongo que como todos los hijos que ven a su padre como superman, cuando pequeña veía imposible que nadie supiera más cosas que tú. Que injusta es la vida, te golpea con un revés impecable y te deja en medio de un mundo inexperto para que te las habíes. Los papeles han cambiado, pero seguiré tirando del hilo aunque no estés, no dejaré que se caiga porque haya soplado un viento sin rumbo. Vendrán más vientos inoportunos,  huracanes y terremotos, pero tú estarás conmigo, tú y tus manías, tú mi cometa de hierro.



viernes, 3 de mayo de 2013

Redes sociales



Las redes sociales han creado avances respecto a la comunicación, pero un gran atraso en las personas. La juventud de hoy en día se deja llevar. Tanta tecnología atrofia el cerebro. En vez de salir a la calle a hablar con gente físicamente, prefieren hacerlo desde casa. Parece ser que así es más fácil. Antiguamente esto no existía, y sorprendentemente han sobrevivido, pero ahora es como una necesidad. Esa necesidad es la fuente de muchos de los problemas de las relaciones interpersonales. Si no estás en la lista no eres amigo, eso es así. 
Y luego están los que sin serlo se toman confianzas imprevisibles, todo por culpa de escribir en vez de hablar. Cuando te encuentras a algún amigo lo normal es pararse a hablar aunque sea un minuto para saber de él, que lo saludes con un escueto ‘hola’ y luego lo avasalles por escrito. Eso es una moda; como no tienes que verle la cara, no importa decir lo que sea, le echas cara y pasas la bola. Por otra parte ver continuamente cuando te leen y cuando no, ha sido el mayor daño, ya sabéis de que hablo, la última conexión a las X horas. Y yo me pregunto con todas las cosas que han inventado, porqué ésta es la más inútil. 

Deberíamos volver a escribir cartas, sí, a los manuscritos. Esa ilusión que te da tener correspondencia no la da la última conexión. Tardan unos días en llegar, y mientras puedes despreocuparte. Si hablamos por teléfono tenemos el poder de colgar cuando nos interese, de no escuchar lo que no queremos, además a veces no hay cobertura y te quedas hablando solo. Las cartas son perfectas. Así haces llegar lo que quieres al destinatario, y lo lee todo, y además las veces que quiera, y puede hasta pedir opinión, porque está escrito y en papel, no va desaparecer pulsando el botón de eliminar. Por supuesto que para una urgencia o algo grave el teléfono es lo mejor, no critico su utilidad, sólo me refiero a las relaciones humanas. 

La comunicación es esencial en el mundo entero. Pero somos imperfectos, tendemos al desorden, a hacer lo que nos conviene y a hacer un mal uso de ciertas cosas. No digo que las redes sociales no ayuden, porque son lo mejor como método expansivo publicitario pero creo que se está desbordando el asunto. Una vez más me remito a los hechos, que hablan por sí solos.

El móvil antes servía para llamar y mandar un mensaje, ahora es un miniordenador que llevamos a todas partes porque se ha convertido en nuestra mano derecha.

Hay que tener ciertos límites. 

No sé si cuando me toque tener hijos, si los tengo, jugarán con un robot en vez de con sus amigos, pero me asusta pensar que tengamos demasiada dependencia a la tecnología. Cada vez existen más máquinas que sustituyen el trabajo de las personas y lo que piensan, sienten o dicen. Necesitamos ser útiles e interactuar. Y es irónico que yo escriba esto, y lo publique en Internet, pero es la única forma desgraciadamente. Sólo es una reflexión de tantas.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Canciones son, canciones



Días eternos.
Días en un suspiro.
A veces ni existes, no da tiempo.
Buscas sin parar ese algo que te motive a seguir, a levantarte una y otra vez sin desplomarte por completo. La voluntad  a veces no es lo único que vale.

Solo podemos tener fe en que algún día seremos felices.
Las canciones nos ayudan a sobrevivir, ellas nos dan todo, nos entregan su alma por completo y nos cuentan su historia las veces que haga falta, con tal de animarnos. Y aunque no siempre lo consiguen, van marcando las etapas de nuestra vida y también recuerdos de momentos y personas. Puede que nos emocionen en alguna ocasión, o que no las queramos escuchar en un tiempo porque su memoria es tan fuerte que nos conviene hacer oídos sordos. Nos recuerdan quienes somos y quienes fuimos. Nos unen. Definen nuestro estado sutilmente. Refuerzan el espíritu y la fe. Y por supuesto hacen que nos lo pasemos bien en ciertas ocasiones. Nos acompañan en el camino y siempre estarán ahí, en lo bueno y en lo malo. Nunca fallan.