lunes, 11 de noviembre de 2013

Noviembre.



No todos los noviembres son iguales. Es cierto que el otoño va dejando poco a poco las hojas en el suelo, y con ellas el verano y sus momentos infinitos se van desvaneciendo, y eso es algo que no cambia. Pero las hojas no son las mismas, ni los veranos, ni siquiera nosotros mismos, ni nuestras circunstancias. Seguramente sea mi último noviembre en la Villa y Corte, pero no es como los demás. Piso fuerte al andar y escucho crujir esas hojas caídas que, acompañan el eco del viento y me hacen seguir despierta. Tiempo de recogida, llegó el frío, la lluvia, y quizás la nieve, a veces. Crujen; colores en escalera, desde el marrón más intenso, pasando por naranjas cálidos cargados de indecisiones, hasta el sutil amarillo que abarca los últimos rayos de sol. El viento se las lleva, las mueve a su antojo, las barre, las arrastra, las olvida.  Y así, estamos preparados para renovarnos, vacíos pero llenos de un futuro incierto. Y crujen al pasar, esas hojas en el suelo, que para muchos es consuelo y para otros despertar.






sábado, 9 de noviembre de 2013

Querer querer



  

 Hay muchas formas de querer:

      Querer con ganas o sin ellas,
      Querer con miedo,
      Querer absolutamente,
      Querer irse,
      Querer volver,
      Querer evadirse,
      Querer distancia,
      Querer tiempo,
      Querer esperar,
      Querer poder,
      Querer estar,
      Querer sentir,
      Querer vivir,

   Pero lo más importante es querer querer. A menudo todos nos quejamos de cosas, sobre todo yo; y hay veces que el verdadero problema es querer de verdad. Si eso falla todo se derrumba, no queramos empezar la casa por el tejado. La voluntad mueve montañas, la verdadera cuestión es: ¿quieres moverlas? 



martes, 17 de septiembre de 2013

Tú, mi cometa de hierro

Y te dicen que te quedes con los momentos buenos, que con el tiempo todo pasará y que hay que superarlo. Pero lo que no te dicen es el silencio mental que se queda vagando en el cerebro, las miles de preguntas sin responder que ya nunca tendrán respuesta o que el tiempo se para, pero sigue. Es duro  no haber sido consciente hasta que no has estado insoportable. No haber estado aquí en años y con la inútil inocencia que me caracteriza pensaba que todo se arreglaría algún día, que solo era una mala racha.

 Ahora que te has ido siento rabia de no haber podido tenerte nunca como quise. Rabia que siempre he sentido hacia ti por todo lo que ya sabes. Y a la vez impotencia de la que no me daba por vencida, solo por ser tú. Sé que tenías tus momentos y que tu mente traicionaba la realidad, pero siempre intenté que estuvieras orgulloso de mí, y lo seguiré haciendo. Una vez más no estoy de acuerdo en tu manera de hacer las cosas, pero es algo que por lo visto tenía que pasar. Me hubiera gustado que me vieras acabar la carrera y quizás emprender un nuevo camino, para demostrarte que puedo con todo lo que me propongo y que llegaré lejos, te lo aseguro, aunque sé que eso nunca lo dudaste. Espero que desde algún sitio me cuides, como has hecho siempre, aunque no estarás presente en muchos de los días más importantes de mi vida.

Te has ido sin más, sin decir adiós si quiera, sin dar cuentas a nadie y sin que pueda tener un recuerdo inmediato mínimamente feliz de ti.

Tú y tus manías de arreglarlo todo, de perfeccionar todos los detalles, de implicarte en cuerpo y alma en los problemas para solucionarlos, tus pijamas de rayas, tu chubasquero naranja, tu belén de navidad, tus colecciones de discos, tu moto, tus libros, tus manos, tu ilusión, tus pequeñas sorpresas que te hacían grande, tu entrega y tus ganas que, se quedaron atrás hace mucho, aunque han sido heredadas.

Estarás siempre dentro de mí, a cada paso que dé. Eras mi mitad prohibida; la cometa que siempre me costaba hacer que despegara, corría y tiraba del hilo más que nadie pero no paraba de caerse y, solo a veces lograba alzarla bien alto, otras la llevaba a mis espaldas, parecía de hierro; querías que  yo siguiera tus pasos y volara detrás de ti y no contigo. Nunca nos entendimos, es lo que nos ha tocado, ser iguales pero opuestos. Siempre te he admirado, supongo que como todos los hijos que ven a su padre como superman, cuando pequeña veía imposible que nadie supiera más cosas que tú. Que injusta es la vida, te golpea con un revés impecable y te deja en medio de un mundo inexperto para que te las habíes. Los papeles han cambiado, pero seguiré tirando del hilo aunque no estés, no dejaré que se caiga porque haya soplado un viento sin rumbo. Vendrán más vientos inoportunos,  huracanes y terremotos, pero tú estarás conmigo, tú y tus manías, tú mi cometa de hierro.



viernes, 3 de mayo de 2013

Redes sociales



Las redes sociales han creado avances respecto a la comunicación, pero un gran atraso en las personas. La juventud de hoy en día se deja llevar. Tanta tecnología atrofia el cerebro. En vez de salir a la calle a hablar con gente físicamente, prefieren hacerlo desde casa. Parece ser que así es más fácil. Antiguamente esto no existía, y sorprendentemente han sobrevivido, pero ahora es como una necesidad. Esa necesidad es la fuente de muchos de los problemas de las relaciones interpersonales. Si no estás en la lista no eres amigo, eso es así. 
Y luego están los que sin serlo se toman confianzas imprevisibles, todo por culpa de escribir en vez de hablar. Cuando te encuentras a algún amigo lo normal es pararse a hablar aunque sea un minuto para saber de él, que lo saludes con un escueto ‘hola’ y luego lo avasalles por escrito. Eso es una moda; como no tienes que verle la cara, no importa decir lo que sea, le echas cara y pasas la bola. Por otra parte ver continuamente cuando te leen y cuando no, ha sido el mayor daño, ya sabéis de que hablo, la última conexión a las X horas. Y yo me pregunto con todas las cosas que han inventado, porqué ésta es la más inútil. 

Deberíamos volver a escribir cartas, sí, a los manuscritos. Esa ilusión que te da tener correspondencia no la da la última conexión. Tardan unos días en llegar, y mientras puedes despreocuparte. Si hablamos por teléfono tenemos el poder de colgar cuando nos interese, de no escuchar lo que no queremos, además a veces no hay cobertura y te quedas hablando solo. Las cartas son perfectas. Así haces llegar lo que quieres al destinatario, y lo lee todo, y además las veces que quiera, y puede hasta pedir opinión, porque está escrito y en papel, no va desaparecer pulsando el botón de eliminar. Por supuesto que para una urgencia o algo grave el teléfono es lo mejor, no critico su utilidad, sólo me refiero a las relaciones humanas. 

La comunicación es esencial en el mundo entero. Pero somos imperfectos, tendemos al desorden, a hacer lo que nos conviene y a hacer un mal uso de ciertas cosas. No digo que las redes sociales no ayuden, porque son lo mejor como método expansivo publicitario pero creo que se está desbordando el asunto. Una vez más me remito a los hechos, que hablan por sí solos.

El móvil antes servía para llamar y mandar un mensaje, ahora es un miniordenador que llevamos a todas partes porque se ha convertido en nuestra mano derecha.

Hay que tener ciertos límites. 

No sé si cuando me toque tener hijos, si los tengo, jugarán con un robot en vez de con sus amigos, pero me asusta pensar que tengamos demasiada dependencia a la tecnología. Cada vez existen más máquinas que sustituyen el trabajo de las personas y lo que piensan, sienten o dicen. Necesitamos ser útiles e interactuar. Y es irónico que yo escriba esto, y lo publique en Internet, pero es la única forma desgraciadamente. Sólo es una reflexión de tantas.



miércoles, 1 de mayo de 2013

Canciones son, canciones



Días eternos.
Días en un suspiro.
A veces ni existes, no da tiempo.
Buscas sin parar ese algo que te motive a seguir, a levantarte una y otra vez sin desplomarte por completo. La voluntad  a veces no es lo único que vale.

Solo podemos tener fe en que algún día seremos felices.
Las canciones nos ayudan a sobrevivir, ellas nos dan todo, nos entregan su alma por completo y nos cuentan su historia las veces que haga falta, con tal de animarnos. Y aunque no siempre lo consiguen, van marcando las etapas de nuestra vida y también recuerdos de momentos y personas. Puede que nos emocionen en alguna ocasión, o que no las queramos escuchar en un tiempo porque su memoria es tan fuerte que nos conviene hacer oídos sordos. Nos recuerdan quienes somos y quienes fuimos. Nos unen. Definen nuestro estado sutilmente. Refuerzan el espíritu y la fe. Y por supuesto hacen que nos lo pasemos bien en ciertas ocasiones. Nos acompañan en el camino y siempre estarán ahí, en lo bueno y en lo malo. Nunca fallan.

martes, 5 de marzo de 2013

El armario de la vida


     Últimamente he observado como la gente camina de un lado a otro, con tanta prisa que, a veces no saben ni a donde se dirigen. Y es que siempre llega ese momento en el que te quedas quieto y  ves como los demás siguen con su ir y venir; sí, pero, instintivamente te paras en seco y te planteas las cosas desde otra perspectiva. Deja que ellos sigan con sus historias, tú alza la mirada hacia el vacío que tanto te aterra y piensa bien lo que vas a hacer. Deja de pensar que la respuesta está en las canciones, en que hay señales que te ayudan en el camino o que siempre habrá alguien que te salvará el cuello en el último segundo. Toma la iniciativa, sé tú mismo y elige el camino que quieres seguir. No, no es fácil, pero nadie dijo que lo fuera, simplemente hay que armarse de valor y despertar esa chispa interior que hace que te muevas.

     Es como vestirse todos los días. Si llueve lleva paraguas para no mojarte, y si puede ser unas botas de agua, si no lo haces a ver quien aguanta el chaparrón  que cala hasta los huesos. Si hace frío procura llevar un buen abrigo, porque aunque digan por ahí que el frío es bueno para el cutis ¿no querrás coger un resfriado verdad? Por supuesto que no se te olviden una buena bufanda y unos guantes. Si hace un buen día no pueden faltar unas gafas de sol que protejan los ojos con los que ves todo lo que te rodea. Si vas a salir de fiesta arréglate. Si vas a una entrevista de trabajo sabes que hay que ir formal.

    Como puedes ver son cosas “de cajón”. Sólo es cuestión de asomarse a la ventana. Aunque, todos nos hemos mojado porque se nos olvidó el paraguas encima de la mesa antes de salir. Quién no se confió de un buen día de sol invernal y dijo: Dejo el abrigo en casa que hace mucho calor; y luego muerto de frío mendigando una bufanda a tus amigos. Que levante la mano quién no ha intentado mirar fijamente al sol unos segundos para demostrar que no pasa nada y después acaba viendo puntos negros en las caras de los demás. Siempre hay alguno al que no dejan entrar porque no va bien vestido. Y cómo no, si vas a una entrevista, la imagen juega un papel fundamental.

     Al fin y al cabo todos los días sales vestido de casa. Sales por la puerta con la monotonía a cuestas pero te das cuenta de que si no haces lo que quieres en realidad, otro lo hará por ti. ¿Por qué no vas a ser tú mismo el que lo haga? Nunca es tarde, sólo tienes que saber que ponerte hoy. Ten en cuenta que habrá obstáculos; puede romperse tu paraguas, alguien puede robar tus gafas o puedes llegar tarde a la entrevista, y son factores que se te escapan de las manos, pero que los medios no justifiquen el fin.  Porque hagas lo que hagas ellos van y vienen, y vienen y van, pero lo que de verdad importa eres tú.





domingo, 3 de febrero de 2013

Ojos que no ven

Esos besos que me dabas,
yo los vendo.
Ya no sirven,
no los quiero,
no son nada.

Esas caricias en el pelo,
ahora caen, 
con tus manos
insistentes,
en el suelo.

Esas miradas de locura,
me las quedo,
son mías,
mi consuelo, 
mi tortura.